Entradas populares

domingo, 20 de mayo de 2012

El Poder De Atención


Nosotros Mismos Somos El Poder De Atención 
O Consciencia Por El Que Todo Es Conocido


Cuando Sri Ramana dice, «Si investigamos [así] "¿quién soy yo?", [nuestra] mente vuelve a su lugar de nacimiento», ¿qué significa él exactamente, al decir que nuestra «mente vuelve a su lugar de nacimiento»? En éste contexto, el término «lugar de nacimiento» denota, la fuente de la que nuestra mente ha emergido; que es nuestra consciencia fundamental de nuestro propio Ser, «yo soy». Puesto que nuestra mente surge o deja su lugar de nacimiento; aparentemente sólo prestando atención a los pensamientos —


Que ella crea por su poder de imaginación, pero que imagina ser otros que ella misma—, ella vuelve a su lugar de nacimiento sólo retirando su atención de todos sus pensamientos.


Sin embargo, así nosotros no sólo vamos a volver a nuestro lugar de nacimiento, sino que también vamos a ser plenamente conscientes de ese «lugar» o estado natural de ser al que estamos así volviendo. No sólo debemos retirar nuestra atención de todos nuestros pensamientos; sino que también debemos volverla hacia nosotros mismos, focalizándola agudamente en nuestra consciencia esencial de nuestro propio Ser. Así pues, cuando Sri Ramana dice que nuestra «mente vuelve a su lugar de nacimiento», él significa que nuestra atención volverá hacia nuestra auto-consciencia natural; y así nuestra mente se sumergirá en esa consciencia perfectamente clara, de nuestro propio Ser.


De hecho, nuestra mente no es nada sino nuestro poder de atención. Cuando nosotros dirigimos nuestro poder de atención hacia los pensamientos y objetos; que imaginamos ser otros que nosotros mismos, surgimos como nuestra mente, dejando nuestro estado natural de mero Ser. 


Pero cuando en lugar de ello dirigimos nuestro poder de atención hacia nosotros mismos; volvemos a nuestro estado natural de mero Ser, y mientras mantenemos nuestra atención fijada en nosotros mismos, sin permitirle desviarse hacia nada más, permanecemos como nuestro mero Ser —Es decir, como nuestro propio sí mismo esencial. En otras palabras, nuestra atención mirando hacia fuera es nuestra mente; mientras que nuestra atención mirando hacia dentro o hacia «yo», es nuestro sí mismo real —Nuestro propio Ser auto-consciente simple y esencial.


Nuestro poder de atención; que es nuestro poder de consciencia o conocimiento, no es algo separado de nosotros. Es nosotros mismos —Nuestro propio Ser esencial y verdadero. En otras palabras, nosotros mismos somos el poder de atención o consciencia; por el que todo, es conocido.


Cuando hacemos mal uso de nuestro poder de consciencia, imaginando que estamos conociendo cosas otras que nosotros mismos, devenimos aparentemente la consciencia individual separada; y por lo tanto, finita que llamamos «mente». Pero cuando no hacemos mal uso de nuestro poder de consciencia de ésta manera, permanecemos como realmente somos siempre —Como la consciencia verdadera de mero Ser infinito y no-dual, «yo soy».


Cuando permanecemos así; como nuestra consciencia verdadera de nuestro propio mero Ser, nosotros nos experimentamos como «yo simplemente soy», pero cuando nos imaginamos ser una consciencia individual separada o «mente», nos experimentamos como «yo soy esto» o «yo soy eso» —«Yo soy éste cuerpo», «yo soy una persona», «yo soy fulano», «yo soy tal y tal», «yo estoy conociendo», «yo estoy haciendo»; y así, sucesivamente. Nuestra mente; y todo lo que conoce o experimenta, es por lo tanto sólo una forma imaginariamente distorsionada y limitada de nuestra propia consciencia de ser no-dual natural «yo soy», que es nuestro sí mismo verdadero.


Lo que nosotros llamamos «atención», es el poder que; como consciencia, tenemos para focalizarnos a nosotros mismos. Cuando focalizamos nuestra consciencia en sí misma; es decir, cuando nos focalizamos a nosotros mismos —A nuestro mero Ser auto-consciente—, experimentamos el conocimiento verdadero «yo solo soy». Pero cuando nos focalizamos; nosotros o nuestra consciencia, en algo otro que nuestro propio sí mismo esencial, experimentamos el conocimiento falso «yo estoy conociendo esta cosa otra que mí mismo».


Éste focalizar nuestra consciencia en algo otro que nosotros mismos, es lo que nosotros llamamos «imaginación»; debido a que toda otra cosa que no sea nuestro propio Ser auto-consciente esencial «yo soy», es meramente un pensamiento o imagen que hemos formado, en nuestra mente por nuestro poder de imaginación. Puesto que esta «imaginación»; que es otro nombre para nuestra mente, hace que nos engañemos a nosotros mismos experimentando cosas que no existen verdaderamente. También es llamada maya, una palabra que significa «engaño» o «auto-engaño». Así pues, nuestra mente o nuestra atención que conoce objetos, es meramente un producto de nuestro propio poder de imaginación auto-engañosa; que es el uso distorsionado que hacemos de nuestro poder de consciencia, cuando la usamos para imaginar que estamos experimentando algo otro que nosotros mismos.


Debido a que nuestra atención es la focalización de nuestro Ser entero en algo, ella tiene un poder formidable. De hecho, es el único poder que existe verdaderamente; y es la fuente, de la que surgen todas las demás formas de poder. De nuestra experiencia en el sueño con sueños; nosotros sabemos que al hacer un mal uso de nuestro poder de atención para imaginar y conocer otras cosas que nosotros mismos, podemos crear un mundo entero y engañarnos a nosotros mismos tomando erróneamente ese mundo por real. Puesto que sabemos que podemos crear un mundo aparentemente real; por nuestro mero poder de imaginación en el sueño con sueños, no tenemos ninguna razón válida para suponer que el mundo que experimentamos ahora, en este supuesto estado de vigilia, sea otra cosa que una creación de nuestro mismo poder de imaginación.


Así pues, nuestra atención tiene el poder de crear un mundo que no existe verdaderamente; y en el proceso de hacerlo, nos engaña a que tomemos erróneamente ese mundo como real. Todo el poder que vemos en el mundo que imaginamos que está fuera de nosotros mismos, parece existir debido sólo a nuestro poder de atención. Todo lo que experimentamos parece ser real, debido sólo a que le prestamos atención. Puesto que nuestra atención es tan poderosa, es un arma peligrosa que debemos usar cuidadosa y sabiamente.


La manera sabia de usar nuestro poder de atención, es conocernos a nosotros mismos. Hasta que conozcamos la verdad de nosotros mismos, que conocemos todas las otras cosas, no podemos conocer la verdad de nada más. Para conocernos a nosotros mismos, debemos prestarnos atención a nosotros mismos —A nuestro propio Ser auto-consciente esencial, «yo soy».


Información extraída de: http://www.ativarnashram.com/michael_6.htm

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿De Qué Eres Responsable?



por Jennifer Hoffman
7 de Mayo de 2012
Sabemos que nuestra realidad es completamente responsabilidad nuestra. Lo que hay en ella, cómo se desarrolla, lo que creamos y lo que permitimos, toleramos y aceptamos, todo refleja cómo utilizamos nuestra energía en la creación de cada paso de nuestro viaje de vida. Pero nosotros hemos expandido la definición y alcance de la responsabilidad para incluir otro aspecto que hace el ser responsables una lucha y una carga hasta el punto que estamos dispuestos a renunciar a nuestro poder, porque no podemos afrontar la responsabilidad que creemos que va con él. El aspecto que hemos añadido a la responsabilidad es la obligación, y es un aspecto del paradigma del sanador mártir y una carga muy pesada en verdad.
Cuando confundimos responsabilidad con obligación, creemos que debemos no sólo ver y sentir la energía, sino que también debemos transformarla. Y hasta cierto punto eso es cierto. Estamos aquí para transformar energía, pero es nuestra energía la que tenemos que transformar, no la de otros. Estamos aquí para empoderarnos a nosotros mismos y ser un ejemplo de la luz de Dios. La creencia en la obligación nos inspira a asumir literalmente los pecados del mundo y convertirlos en bendiciones. Y luego también asumir las energías de otros y bendecirlas también. Luego asumimos la opinión de todo el mundo acerca de nosotros y tratamos de hacernos responsables de demostrarles que están equivocados. Y en algún momento simplemente dejamos de hacerlo porque es demasiado difícil y nos sentimos impotentes.
La responsabilidad tiene que ver con cómo interactuamos con la energía, y tenemos dos opciones, reaccionar o responder. Cuando reaccionamos a la energía nos conectamos a su nivel y luego tratamos de transformarla desde esa posición. Aquí es donde entra en juego la obligación, porque cuando sentimos una energía con la que no nos sentimos cómodos, sentimos la obligación de transformarla en algo con lo que podamos alinearnos, incluso si no es apropiado, no nos sentimos cómodos con eso o no está en integridad con nosotros. Así empezamos a disminuir nuestra propia energía, poco a poco, hasta haber perdido la conexión con nuestro propio poder. Así es como actuamos como sanadores mártires, renunciando poco a poco a nuestro poder, de modo que podamos sentir que estamos progresando en conectar con el mundo y sanarlo.
Cuando respondemos a la energía nos quedamos en nuestro propio nivel de vibración energética mientras decidimos si queremos hacer una conexión con otras energías o no. No nos sentimos obligados a hacer nada y sabemos que cuando no actuamos según nuestro deseo de transformar a otros, ellos tienen la opción de unirse a nosotros a nuestro nivel y empoderarse a sí mismos. Los nuevos portales energéticos que se están abriendo por todos lados pueden hacernos sentir obligados a hacer enormes cambios en nosotros mismos y en los demás. ¿Te estás sintiendo abrumado por lo que ves como tu obligación de cambiar el mundo? ¿Hay algunos aspectos de tu sanador mártir que están convirtiendo tu responsabilidad en una obligación? Ésta es una oportunidad para hacer una pausa, encontrar tu centro energético e irradiar brillante tu luz de modo que respondas, en vez de reaccionar y asumas la responsabilidad de lo que puedes controlar, tu camino de sanación, tu conexión, tu poder y tu propio viaje de ascensión.
Copyright (C) 2004-2012 por Jennifer Hoffman y Enlightening Life OmniMedia, Inc. Todos los derechos reservados. Este material está protegido por leyes de derechos de autor de los EE.UU. e internacionales y puede ser distribuido libremente en su totalidad, siempre y cuando se incluya el nombre del autor y el sitio web Enlightening Life, www.enlighteninglife.com.  Traducción: Margarita López -  Edición: El Manantial del Caduceo

sábado, 5 de mayo de 2012

Estas Despierto?





Una de las cosas más importantes que hay que entender del hombre es que está dormido. Aun cuando cree que está despierto, no lo está. Su estado de vigilia es muy frágil; es tan insignificante que carece por completo de importancia. Su vigilia es sólo una bonita palabra, pero totalmente vacía. Uno duerme de noche, duerme de día… desde el nacimiento hasta la muerte, va cambiando sus pautas de sueño; pero nun­ca llega a despertar de verdad.

Sólo porque hayas abierto los ojos, no te engañes a ti mismo pensando que estás despierto. A menos que se te abran los ojos interiores, a menos que tu interior se lle­ne de luz, a menos que puedas verte a ti mismo, ver quién eres… no creas que estás despierto. Esa es la mayor ilusión en la que vive el hombre. Y si uno se convence de que está verdaderamente des­pierto, entonces ya no tiene sentido hacer ningún esfuerzo por despertar.

Lo primero que debes grabarte bien en el corazón es que estás dormido, completamente dormido. Estás soñando, un día tras otro. A veces sueñas con los ojos abiertos y otras veces con los ojos ce­rrados, pero estás soñando… . Todavía no eres una realidad.

 Por supuesto, cualquier cosa que hagas en un sueño carece de sentido. Cualquier cosa que pienses es insustancial; cualquier cosa que proyectes seguirá formando parte de tus sueños y nunca te permitirá ver la realidad. Por eso todos los budas han insistido en una única cosa: ¡Despierta! Continuamente, a lo largo de los siglos, todas sus enseñanzas se pueden resumir en una sola frase: debes despertar. Y para ello han ideado métodos, estrategias, han creado contextos y espacios y campos de energía en los que un choque te puede hacer despertar.

Sí, a menos que sufras un choque que te sacuda de arriba a aba­jo, no despertarás. El sueño ha durado tanto que ha llegado al cen­tro mismo de tu ser; estás empapado en él. Cada célula de tu cuer­po y cada fibra de tu mente se han llenado de sueño. No es un fenómeno de poca monta. Por eso se necesita un gran esfuerzo para mantenerse alerta, atento, vigilante. Para convertirse en un testigo.

Si hay una cuestión en la que es­tán de acuerdo todos los budas del mundo, es esta: Que el hombre, tal como es, está dormido y debería des­pertar. El despertar es el objetivo y el despertar es la esencia de todas sus enseñanzas. Zaratustra, Lao Tzu, Jesús, Buda, Bahauddin, Kabir, Nanak, chuang tsu… todos los despiertos han enseñado una única lección. En diferentes idiomas, con diferentes metáforas, pero su canción es la misma. Así como el mar tiene un sabor salado, ya se prue­be por el norte o por el sur, por el este o por el oeste, el sabor de la condición búdica es el estado de vigilia.

Pero si sigues creyendo que ya es­tás despierto, no harás ningún esfuer­zo. Te parecerá que no tiene sentido hacer esfuerzo alguno. ¿Para qué molestarse?

Y has creado religiones, dioses, oraciones, ritos, sacados de los sueños. Tus dioses son parte de tus sueños, como todo lo demás. Tu política es parte de tus sueños, tus re­ligiones son parte de tus sueños, tus poesía, tus pin­tura, tu arte… todo lo que haces. Como estas dormido, ha­ces cosas según tu estado mental.

Tus dioses no pueden ser diferentes de ti. ¿Quién los va a crear? ¿Quién les dará cuerpo, forma y color? Tu los creas, tu los esculpes; tienen ojos como los tuyos, nari­ces como las tuyas… ¡y mente como la tuya! El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy celoso.» Vamos a ver: ¿quién ha creado este Dios tan celoso? Dios no puede ser ce­loso, y si Dios es celoso, entonces ¿qué tiene de malo ser celoso? Si hasta Dios es celoso, ¿por qué tú habrías de pensar que estás haciendo algo malo cuando sientes celos? ¡Los celos son algo di­vino!

 El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy coléri­co. Si no cumples mis mandamientos, te destruiré. Te arrojaré al fuego del infierno para toda la eternidad. Y como soy celoso, sigue diciendo Dios, no debes adorar a nadie más. No puedo tolerar­lo. ¿Quién creó semejante Dios? Esta imagen tuvo que crearse a partir de nuestros propios celos, de nuestra propia cólera. Es una proyección, una sombra nuestra. Un eco del hombre y de nadie más. Y lo mismo se puede decir de todos los dioses de todas las religiones.

Por eso Buda nunca hablaba de Dios. «¿Qué sentido tiene ha­blarle de Dios a gente que está dormida? Escucharán en sueños. So­ñarán con lo que se les diga y crearán sus propios dioses que serán completamente falsos, completamente absurdos. Es mejor prescindir de tales dioses.

Por eso a Buda no le interesa hablar de dioses. Lo único que le interesa es despertarte.

Se dice que un maestro budista iluminado estaba sentado una tarde a la orilla de un río, disfrutando del sonido del agua, del soni­do del viento que pasaba a través de las hojas. Se le acercó un hom­bre y le preguntó:

-¿Puedes decirme en una sola palabra la esencia de tu religión
El maestro permaneció callado, en silencio absoluto, como si no hubiera oído la pregunta. El hombre insistió:

-¿Estás sordo o qué?

El maestro dijo:
-He oído tu pregunta y la he respondido. El silencio es la res­puesta. He permanecido en silencio. Esa pausa, ese intervalo, era mi respuesta:

 El hombre dijo:
-No puedo entender una respuesta tan misteriosa. ¿No puedes ser un poco más claro?
Entonces el maestro escribió en la arena con el dedo la palabra
«Meditación» en letras pequeñas.

-Eso puedo leerlo -dijo el hombre-. Esto es algo mejor que lo del principio. Al menos tengo una palabra sobre la que reflexionar. Pero ¿no puedes decirlo un poco más claro?

El maestro volvió a escribir «MEDITACIÓN», pero esta vez en letras más grandes. El hombre se sentía un poco incómodo, desconcerta­do, ofendido, irritado.
-¿Otra vez escribes «meditación»? ¿No puedes decírmelo más claro?

Y el maestro escribió en letras mayúsculas muy grandes «ME­DITACIÓN».
-Me parece que estás loco -dijo el hombre.

-Ya he descendido mucho -dijo el maestro-. La primera res­puesta era la respuesta correcta, la segunda no era tan correcta, la tercera estaba aún más equivocada, la cuarta era ya muy incorrec­ta… porque cuando escribes «MEDITACIÓN» en letras mayúsculas, creas con ello un dios.

 Por eso la palabra Dios se escribe con D mayúscula. Cada vez que quieres que algo sea supremo, definitivo, lo escribes con ma­yúscula.
-Ya he cometido un pecado -dijo el maestro. Borró todas las palabras que había escrito y dijo-: Por favor, escucha mi primera respuesta. Sólo con ella te he dicho la verdad.

El silencio es el espacio en el que uno despierta, y la mente ruidosa es el espacio en el que uno permanece dormido. Si tu mente continúa parloteando, estás dormido. Si te sientas en silencio, si la mente desaparece y puedes oír el canto de los pájaros y no hay mente en tu in­terior, un silencio… este silbido del pájaro, este gorjeo, y ninguna mente funcionando dentro de tu cabeza, silencio total… entonces la concien­cia aflora en ti. No viene de fuera, surge dentro de ti, crece en ti. Por lo de­más, recuerda: estás dormido…


OSHO
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...