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sábado, 5 de mayo de 2012

Estas Despierto?





Una de las cosas más importantes que hay que entender del hombre es que está dormido. Aun cuando cree que está despierto, no lo está. Su estado de vigilia es muy frágil; es tan insignificante que carece por completo de importancia. Su vigilia es sólo una bonita palabra, pero totalmente vacía. Uno duerme de noche, duerme de día… desde el nacimiento hasta la muerte, va cambiando sus pautas de sueño; pero nun­ca llega a despertar de verdad.

Sólo porque hayas abierto los ojos, no te engañes a ti mismo pensando que estás despierto. A menos que se te abran los ojos interiores, a menos que tu interior se lle­ne de luz, a menos que puedas verte a ti mismo, ver quién eres… no creas que estás despierto. Esa es la mayor ilusión en la que vive el hombre. Y si uno se convence de que está verdaderamente des­pierto, entonces ya no tiene sentido hacer ningún esfuerzo por despertar.

Lo primero que debes grabarte bien en el corazón es que estás dormido, completamente dormido. Estás soñando, un día tras otro. A veces sueñas con los ojos abiertos y otras veces con los ojos ce­rrados, pero estás soñando… . Todavía no eres una realidad.

 Por supuesto, cualquier cosa que hagas en un sueño carece de sentido. Cualquier cosa que pienses es insustancial; cualquier cosa que proyectes seguirá formando parte de tus sueños y nunca te permitirá ver la realidad. Por eso todos los budas han insistido en una única cosa: ¡Despierta! Continuamente, a lo largo de los siglos, todas sus enseñanzas se pueden resumir en una sola frase: debes despertar. Y para ello han ideado métodos, estrategias, han creado contextos y espacios y campos de energía en los que un choque te puede hacer despertar.

Sí, a menos que sufras un choque que te sacuda de arriba a aba­jo, no despertarás. El sueño ha durado tanto que ha llegado al cen­tro mismo de tu ser; estás empapado en él. Cada célula de tu cuer­po y cada fibra de tu mente se han llenado de sueño. No es un fenómeno de poca monta. Por eso se necesita un gran esfuerzo para mantenerse alerta, atento, vigilante. Para convertirse en un testigo.

Si hay una cuestión en la que es­tán de acuerdo todos los budas del mundo, es esta: Que el hombre, tal como es, está dormido y debería des­pertar. El despertar es el objetivo y el despertar es la esencia de todas sus enseñanzas. Zaratustra, Lao Tzu, Jesús, Buda, Bahauddin, Kabir, Nanak, chuang tsu… todos los despiertos han enseñado una única lección. En diferentes idiomas, con diferentes metáforas, pero su canción es la misma. Así como el mar tiene un sabor salado, ya se prue­be por el norte o por el sur, por el este o por el oeste, el sabor de la condición búdica es el estado de vigilia.

Pero si sigues creyendo que ya es­tás despierto, no harás ningún esfuer­zo. Te parecerá que no tiene sentido hacer esfuerzo alguno. ¿Para qué molestarse?

Y has creado religiones, dioses, oraciones, ritos, sacados de los sueños. Tus dioses son parte de tus sueños, como todo lo demás. Tu política es parte de tus sueños, tus re­ligiones son parte de tus sueños, tus poesía, tus pin­tura, tu arte… todo lo que haces. Como estas dormido, ha­ces cosas según tu estado mental.

Tus dioses no pueden ser diferentes de ti. ¿Quién los va a crear? ¿Quién les dará cuerpo, forma y color? Tu los creas, tu los esculpes; tienen ojos como los tuyos, nari­ces como las tuyas… ¡y mente como la tuya! El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy celoso.» Vamos a ver: ¿quién ha creado este Dios tan celoso? Dios no puede ser ce­loso, y si Dios es celoso, entonces ¿qué tiene de malo ser celoso? Si hasta Dios es celoso, ¿por qué tú habrías de pensar que estás haciendo algo malo cuando sientes celos? ¡Los celos son algo di­vino!

 El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy coléri­co. Si no cumples mis mandamientos, te destruiré. Te arrojaré al fuego del infierno para toda la eternidad. Y como soy celoso, sigue diciendo Dios, no debes adorar a nadie más. No puedo tolerar­lo. ¿Quién creó semejante Dios? Esta imagen tuvo que crearse a partir de nuestros propios celos, de nuestra propia cólera. Es una proyección, una sombra nuestra. Un eco del hombre y de nadie más. Y lo mismo se puede decir de todos los dioses de todas las religiones.

Por eso Buda nunca hablaba de Dios. «¿Qué sentido tiene ha­blarle de Dios a gente que está dormida? Escucharán en sueños. So­ñarán con lo que se les diga y crearán sus propios dioses que serán completamente falsos, completamente absurdos. Es mejor prescindir de tales dioses.

Por eso a Buda no le interesa hablar de dioses. Lo único que le interesa es despertarte.

Se dice que un maestro budista iluminado estaba sentado una tarde a la orilla de un río, disfrutando del sonido del agua, del soni­do del viento que pasaba a través de las hojas. Se le acercó un hom­bre y le preguntó:

-¿Puedes decirme en una sola palabra la esencia de tu religión
El maestro permaneció callado, en silencio absoluto, como si no hubiera oído la pregunta. El hombre insistió:

-¿Estás sordo o qué?

El maestro dijo:
-He oído tu pregunta y la he respondido. El silencio es la res­puesta. He permanecido en silencio. Esa pausa, ese intervalo, era mi respuesta:

 El hombre dijo:
-No puedo entender una respuesta tan misteriosa. ¿No puedes ser un poco más claro?
Entonces el maestro escribió en la arena con el dedo la palabra
«Meditación» en letras pequeñas.

-Eso puedo leerlo -dijo el hombre-. Esto es algo mejor que lo del principio. Al menos tengo una palabra sobre la que reflexionar. Pero ¿no puedes decirlo un poco más claro?

El maestro volvió a escribir «MEDITACIÓN», pero esta vez en letras más grandes. El hombre se sentía un poco incómodo, desconcerta­do, ofendido, irritado.
-¿Otra vez escribes «meditación»? ¿No puedes decírmelo más claro?

Y el maestro escribió en letras mayúsculas muy grandes «ME­DITACIÓN».
-Me parece que estás loco -dijo el hombre.

-Ya he descendido mucho -dijo el maestro-. La primera res­puesta era la respuesta correcta, la segunda no era tan correcta, la tercera estaba aún más equivocada, la cuarta era ya muy incorrec­ta… porque cuando escribes «MEDITACIÓN» en letras mayúsculas, creas con ello un dios.

 Por eso la palabra Dios se escribe con D mayúscula. Cada vez que quieres que algo sea supremo, definitivo, lo escribes con ma­yúscula.
-Ya he cometido un pecado -dijo el maestro. Borró todas las palabras que había escrito y dijo-: Por favor, escucha mi primera respuesta. Sólo con ella te he dicho la verdad.

El silencio es el espacio en el que uno despierta, y la mente ruidosa es el espacio en el que uno permanece dormido. Si tu mente continúa parloteando, estás dormido. Si te sientas en silencio, si la mente desaparece y puedes oír el canto de los pájaros y no hay mente en tu in­terior, un silencio… este silbido del pájaro, este gorjeo, y ninguna mente funcionando dentro de tu cabeza, silencio total… entonces la concien­cia aflora en ti. No viene de fuera, surge dentro de ti, crece en ti. Por lo de­más, recuerda: estás dormido…


OSHO

viernes, 6 de abril de 2012

Ponte en Contacto








"Debes aprender a ponerte 

en contacto 

con la más profunda y

 pura esencia de tu Ser. 


Esta esencia verdadera va más allá 

del ego, no conoce el miedo; 

es libre; es inmune a la crítica;

 no le teme a ningún reto, 

no es inferior a nadie, ni superior 

a  nadie, está lleno de


 magia, misterio y encanto.”   




Deepak Chopra



domingo, 16 de octubre de 2011

Etapas de la Meditación


Meditar es profundizar en nosotros mismos para alcanzar la armonía integral. Profundizar en nosotros mismos es buscar la esencia de nuestro yo, es ir al encuentro de aquello que es lo más sublime y lo más grande dentro de nosotros, es acercarnos al autoconocimiento haciendo contacto con nuestro verdadero ser".


Etapas de la meditación



1. Un discípulo observando el mar:

Auto-observación.



2. El discípulo recostado recibiendo las olas del mar:

Auto-conciencia.



3. El discípulo inmerso en el mar:

Auto-identificación.



4. Llegando a la otra orilla:

Auto-iluminación.




Son cuatro etapas por las que atraviesa el discípulo que recorre el camino de la meditación; primero se desarrolla la auto-observación, para el conocimiento de uno mismo, cuando se avanza en este nivel, se alcanza la autoconciencia, que es un nivel más grande que sólo observarnos, ahora nos conocemos tal cual somos, posteriormente sigue la auto-identificación, es un contacto íntimo, un estar consigo mismo, no sólo en el aspecto material sino también en el espiritual, logrado lo anterior se llega a la auto-iluminación cuando se logra la comunión con nuestro Yo superior.

Soñé que andábamos en un río varias personas, pero el agua tomaba diferentes colores al ir avanzando, esto se me hizo muy conocido, del primer punto donde estábamos avanzamos a otro lugar, donde podíamos meditar en la tierra, seguimos adelante a otro punto más distante, y yo captaba lo siguiente: Que a este último lugar sólo se podía llegar cuando se recibía alguna iniciación superior y cuando era el momento de la transición (muerte física).

"La meditación en sí es toda una ciencia y por lo mismo reviste varias facetas, de las cuales vamos a explicarles las más importantes para el desarrollo integral de su ser.

La primera fase o primer nivel de la meditación reviste las siguientes características: La reflexión, el razonamiento, el discernimiento a nivel mental, el estudio y el  desarrollo de la facultad intelectual a su máxima expresión, este primer nivel es comparado a un ser humano que está en una playa, observando el mar y sus alrededores.

La segunda fase o segundo nivel es serenar la mente, para poder recibir impresiones mediante la vía de la intuición, son chispazos de luz, de entendimiento, se tienen visiones fugaces, es un puente entre la objetividad del ser y su aspecto subjetivo, también se experimentan sensaciones, se recibe conocimiento y comprensión directa sin intermedio de la facultad pensante, este nivel es comparado a un ser humano recostado en una playa, muy cerca del mar, de tal manera que cuando las olas vienen él recibe en su cuerpo la frescura del agua y de la brisa marina, pero sólo en ciertos momentos es bañado por el agua del mar.

El tercer nivel es cuando el ser humano se deja llevar por las olas y penetra en el mar del amor del Maestro, en esta fase el discípulo se encuentra inmerso en la vibración divina a través de los Ángeles, es parte de esa luz, de ese amor y ese poder emanados de Dios para sus hijos, es el abandonarse en el Maestro plenamente sin reserva de ninguna especie, es una confianza total en su guía espiritual, aquí el discípulo deja todo lo que tiene y sigue al Maestro conscientemente sin oponer resistencia a ese bálsamo de piedad y de armonía celestial, es la entrega al servicio divino por el servicio mismo, sin esperar recibir nada a cambio, sino lo que el Maestro crea conveniente para el despertar de su discípulo.

Ahora les revelamos que hay un cuarto nivel, síntesis y unidad de los tres anteriores, es cuando el discípulo atraviesa el mar donde se ha sumergido y llega a la otra orilla conscientemente, y allí encuentra la verdad, encuentra aquello que no puede decirse en palabras, porque debe de vivirse por cada uno de nuestros discípulos.

Para poder alcanzar este nivel, que es una supraconciencia y la comunión verdadera con la Divinidad, se requiere morir en el amor y la luz del Maestro, puesto que este grado es el nuevo nacimiento, el encontrar el reino de los cielos, cuando esto sucede toda la naturaleza entona un himno de agradecimiento a Dios, puesto que un viajero ha llegado a la otra orilla y se ha convertido en un nuevo salvador de la humanidad, en un nuevo guía, en un nuevo instructor, en un ángel consciente. ¡Oh, sí! no hay momento más maravilloso que éste".

Escritos de un buscador de la verdad, Mensaje 59. Del Libro: LA OTRA REALIDAD. www.centrosi.org
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