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sábado, 5 de mayo de 2012

Estas Despierto?





Una de las cosas más importantes que hay que entender del hombre es que está dormido. Aun cuando cree que está despierto, no lo está. Su estado de vigilia es muy frágil; es tan insignificante que carece por completo de importancia. Su vigilia es sólo una bonita palabra, pero totalmente vacía. Uno duerme de noche, duerme de día… desde el nacimiento hasta la muerte, va cambiando sus pautas de sueño; pero nun­ca llega a despertar de verdad.

Sólo porque hayas abierto los ojos, no te engañes a ti mismo pensando que estás despierto. A menos que se te abran los ojos interiores, a menos que tu interior se lle­ne de luz, a menos que puedas verte a ti mismo, ver quién eres… no creas que estás despierto. Esa es la mayor ilusión en la que vive el hombre. Y si uno se convence de que está verdaderamente des­pierto, entonces ya no tiene sentido hacer ningún esfuerzo por despertar.

Lo primero que debes grabarte bien en el corazón es que estás dormido, completamente dormido. Estás soñando, un día tras otro. A veces sueñas con los ojos abiertos y otras veces con los ojos ce­rrados, pero estás soñando… . Todavía no eres una realidad.

 Por supuesto, cualquier cosa que hagas en un sueño carece de sentido. Cualquier cosa que pienses es insustancial; cualquier cosa que proyectes seguirá formando parte de tus sueños y nunca te permitirá ver la realidad. Por eso todos los budas han insistido en una única cosa: ¡Despierta! Continuamente, a lo largo de los siglos, todas sus enseñanzas se pueden resumir en una sola frase: debes despertar. Y para ello han ideado métodos, estrategias, han creado contextos y espacios y campos de energía en los que un choque te puede hacer despertar.

Sí, a menos que sufras un choque que te sacuda de arriba a aba­jo, no despertarás. El sueño ha durado tanto que ha llegado al cen­tro mismo de tu ser; estás empapado en él. Cada célula de tu cuer­po y cada fibra de tu mente se han llenado de sueño. No es un fenómeno de poca monta. Por eso se necesita un gran esfuerzo para mantenerse alerta, atento, vigilante. Para convertirse en un testigo.

Si hay una cuestión en la que es­tán de acuerdo todos los budas del mundo, es esta: Que el hombre, tal como es, está dormido y debería des­pertar. El despertar es el objetivo y el despertar es la esencia de todas sus enseñanzas. Zaratustra, Lao Tzu, Jesús, Buda, Bahauddin, Kabir, Nanak, chuang tsu… todos los despiertos han enseñado una única lección. En diferentes idiomas, con diferentes metáforas, pero su canción es la misma. Así como el mar tiene un sabor salado, ya se prue­be por el norte o por el sur, por el este o por el oeste, el sabor de la condición búdica es el estado de vigilia.

Pero si sigues creyendo que ya es­tás despierto, no harás ningún esfuer­zo. Te parecerá que no tiene sentido hacer esfuerzo alguno. ¿Para qué molestarse?

Y has creado religiones, dioses, oraciones, ritos, sacados de los sueños. Tus dioses son parte de tus sueños, como todo lo demás. Tu política es parte de tus sueños, tus re­ligiones son parte de tus sueños, tus poesía, tus pin­tura, tu arte… todo lo que haces. Como estas dormido, ha­ces cosas según tu estado mental.

Tus dioses no pueden ser diferentes de ti. ¿Quién los va a crear? ¿Quién les dará cuerpo, forma y color? Tu los creas, tu los esculpes; tienen ojos como los tuyos, nari­ces como las tuyas… ¡y mente como la tuya! El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy celoso.» Vamos a ver: ¿quién ha creado este Dios tan celoso? Dios no puede ser ce­loso, y si Dios es celoso, entonces ¿qué tiene de malo ser celoso? Si hasta Dios es celoso, ¿por qué tú habrías de pensar que estás haciendo algo malo cuando sientes celos? ¡Los celos son algo di­vino!

 El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy coléri­co. Si no cumples mis mandamientos, te destruiré. Te arrojaré al fuego del infierno para toda la eternidad. Y como soy celoso, sigue diciendo Dios, no debes adorar a nadie más. No puedo tolerar­lo. ¿Quién creó semejante Dios? Esta imagen tuvo que crearse a partir de nuestros propios celos, de nuestra propia cólera. Es una proyección, una sombra nuestra. Un eco del hombre y de nadie más. Y lo mismo se puede decir de todos los dioses de todas las religiones.

Por eso Buda nunca hablaba de Dios. «¿Qué sentido tiene ha­blarle de Dios a gente que está dormida? Escucharán en sueños. So­ñarán con lo que se les diga y crearán sus propios dioses que serán completamente falsos, completamente absurdos. Es mejor prescindir de tales dioses.

Por eso a Buda no le interesa hablar de dioses. Lo único que le interesa es despertarte.

Se dice que un maestro budista iluminado estaba sentado una tarde a la orilla de un río, disfrutando del sonido del agua, del soni­do del viento que pasaba a través de las hojas. Se le acercó un hom­bre y le preguntó:

-¿Puedes decirme en una sola palabra la esencia de tu religión
El maestro permaneció callado, en silencio absoluto, como si no hubiera oído la pregunta. El hombre insistió:

-¿Estás sordo o qué?

El maestro dijo:
-He oído tu pregunta y la he respondido. El silencio es la res­puesta. He permanecido en silencio. Esa pausa, ese intervalo, era mi respuesta:

 El hombre dijo:
-No puedo entender una respuesta tan misteriosa. ¿No puedes ser un poco más claro?
Entonces el maestro escribió en la arena con el dedo la palabra
«Meditación» en letras pequeñas.

-Eso puedo leerlo -dijo el hombre-. Esto es algo mejor que lo del principio. Al menos tengo una palabra sobre la que reflexionar. Pero ¿no puedes decirlo un poco más claro?

El maestro volvió a escribir «MEDITACIÓN», pero esta vez en letras más grandes. El hombre se sentía un poco incómodo, desconcerta­do, ofendido, irritado.
-¿Otra vez escribes «meditación»? ¿No puedes decírmelo más claro?

Y el maestro escribió en letras mayúsculas muy grandes «ME­DITACIÓN».
-Me parece que estás loco -dijo el hombre.

-Ya he descendido mucho -dijo el maestro-. La primera res­puesta era la respuesta correcta, la segunda no era tan correcta, la tercera estaba aún más equivocada, la cuarta era ya muy incorrec­ta… porque cuando escribes «MEDITACIÓN» en letras mayúsculas, creas con ello un dios.

 Por eso la palabra Dios se escribe con D mayúscula. Cada vez que quieres que algo sea supremo, definitivo, lo escribes con ma­yúscula.
-Ya he cometido un pecado -dijo el maestro. Borró todas las palabras que había escrito y dijo-: Por favor, escucha mi primera respuesta. Sólo con ella te he dicho la verdad.

El silencio es el espacio en el que uno despierta, y la mente ruidosa es el espacio en el que uno permanece dormido. Si tu mente continúa parloteando, estás dormido. Si te sientas en silencio, si la mente desaparece y puedes oír el canto de los pájaros y no hay mente en tu in­terior, un silencio… este silbido del pájaro, este gorjeo, y ninguna mente funcionando dentro de tu cabeza, silencio total… entonces la concien­cia aflora en ti. No viene de fuera, surge dentro de ti, crece en ti. Por lo de­más, recuerda: estás dormido…


OSHO

miércoles, 6 de julio de 2011

Este Momento y Gratitud (Entrevista).





Este Momento y Gratitud (Entrevista).

Entrevistador: ¿Crees en la lucha contra la injusticia?

Osho: Yo no creo en nada.

Entrevistador: (Silencio)...... ¿Crees que uno debería luchar contra la injusticia?

Osho: Uno no debería tener, deberías o no deberías.

Uno simplemente existe espontáneamente.
Si el momento trae lucha, lucha....y lucha totalmente, intensamente.
Pero.....No luches por una creencia.
No luches por un prejuicio.
Vive en el momento.
Estate alerta.....y desde esa alerta, ocurra lo que ocurra, disfrútalo.

Deja que te lo explique exactamente, porque puede..........que eso te ayude a entender otras preguntas y respuestas.
Yo no tengo ningún sistema de creencias.
No tengo, ningún credo ni dogma.
Mi enfoque es.....enteramente existencial.
Ahora mismo, tú estas aquí, yo estoy aquí.
Y eso es suficiente.
Puede que hayas preparado tus preguntas.
Yo no he preparado mis respuestas.

Entrevistador: Puedo ver eso..... (Ríe).

Osho: Así que puedes formular tus preguntas, yo soy un hombre loco, puedo decir cualquier cosa que se me ocurra en el momento.
No me importa la consistencia.

No me importa la respetabilidad.
Mi única responsabilidad, es este momento.
Más allá......no hay nada.

Entrevistador: ¿Cómo te va en este momento?

Osho: Maravillosamente.
¡Tu bigote me hace mucha gracia! (ríe)....
Solo te haría falta una barba (riendo)....
Eso es quedarse a medias......


Osho: Somos muy desagradecidos con la existencia. Nos ha dado tanto.....y sin que lo hayamos pedido.

Somos unas criaturas tan ingratas, que ni siquiera nos preocupamos, en ver lo que la existencia está haciendo continuamente por nosotros- el sol, la luna, las estrellas, los árboles, los pájaros, los animales, las personas.

Estas viviendo un sueño tremendamente hermoso.
Pero........hay que despertar a ello.
Solo entonces surge la gratitud.

A esa gratitud yo la llamo, verdadera religión.
Un hombre no tiene por qué ser cristiano para ser religioso, no tiene por qué ser hindú, para ser religioso.

Lo único que necesita es una profunda gratitud....hacia la existencia.
No necesitas creer en Dios, no necesitas creer en el cielo y el infierno.

Solo requiere un fenómeno simple......una gratitud profundamente sentida....de que a esta existencia, le faltaría algo sin ti.
De que esta vasta existencia, te necesita a ti...a ningún otro.

Y tu puesto, estaba vacío antes de ti, y quedará vacío después de ti....eres irremplazable.
Eso proporciona una gran satisfacción.

La mayor necesidad del hombre es ser necesitado.

Y cuando sientes que toda la existencia te necesita......te das cuenta de que,
¡De otra forma no estarías aquí!

Osho

viernes, 4 de marzo de 2011

Acción y Reacción


“Pasá a través del río, pero no dejes que el agua toque tus pies...”

Ese es el significado del símbolo oriental del loto. Habrás visto las estatuas de Buddha sentado sobre un loto, eso es una metáfora. El loto es una flor que vive en el agua, y sin embargo el agua no la puede tocar. El loto no se escapa a las cuevas de los Himalayas, vive en el agua, pero sin embargo, se mantiene muy lejos.

Estando en el mercado, pero sin dejar que el mercado entre en tu ser, viviendo en el mundo y sin embargo no siendo del mundo: eso quiero decir por "conciencia que presencia". Eso quiero decir cuando te digo una vez tras otra: “¡Estate alerta!”. No es que esté en contra de la acción, pero tu acción tiene que estar iluminada por la conciencia. Los que están en contra de la acción, tienen que ser necesariamente represivos, y cualquier forma de represión te vuelve patológico, no integrado, insano.

Los monjes que viven en los monasterios -sean católicos, hindúes, jainas o budistas-, que se escaparon de la vida, no son verdaderos sannyasins. Solamente reprimieron sus deseos y se retiraron del mundo, del mundo de la acción. ¿Adónde puedes ser testigo si te retiras del mundo de la acción? El mundo de la acción es la mejor oportunidad para estar conciente. Te da un reto, es un desafío constante. 

Puedes quedarte dormido y volverte un "hacedor", volverte un hombre mundano, un soñador, una víctima de las ilusiones, o puedes llegar a ser un testigo y además seguir viviendo en el mundo. Entonces tu acción tiene una cualidad diferente: es realmente acción. En cambio, las acciones de quienes no están concientes, no son en realidad acciones sino reacciones. Ellos solamente reaccionan. Alguien te insulta y tu reaccionas. Prueba insultar a un Buddha. -él no reacciona, él acciona. La reacción es dependiente del otro. El otro aprieta un botón y tu reaccionás. Eres solamente una víctima, un esclavo, funcionás como una máquina.

La persona real, que sabe qué es conciencia no reacciona nunca, sencillamente actúa como resultado de su conciencia. Su acción no proviene del acto del otro, nadie puede apretar sus botones. Si siente espontáneamente que está bien hacer determinada cosa, lo hace, si siente, en cambio que nada es necesario, se queda quieto. Y no es represivo, siempre está abierto, es expresivo. Su expresión es multidimensional: se expresa en canciones, en poesía, en danza, en amor, en oración, en compasión. fluye

Osho

domingo, 12 de septiembre de 2010

La vida es vivir.


La vida es vivir.

No es una cosa, es un proceso. No hay otra forma de conocer lo que es la vida más que viviendo, estando vivo, fluyendo, discurriendo con ella. Si buscas el significado de la vida en algún dogma, en una determinada filosofía, en una teología, da por seguro que te perderás lo que es la vida y su significado.

La vida no te está esperando en ninguna parte; te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas, es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás. El hombre ha estado haciendo esto durante siglos.

Los conceptos se han vuelto muy importantes, las explicaciones se han vuelto muy importantes y lo real ha sido olvidado por completo. No vemos lo que de hecho ya está aquí, queremos racionalizaciones.

Oí una hermosa historia.

Hace unos años un americano de renombre tuvo una crisis de identidad. Buscó la ayuda de la psiquiatría, pero no resolvió nada porque no encontró a nadie que pudiera revelarle el significado de la vida, que era lo que él deseaba conocer. Poco a poco se fue enterando de la existencia de un venerable e increíblemente sabio gurú que vivía en una misteriosa y casi inaccesible región de los Himalayas. Llegó a creer que solamente ese gurú le podría revelar lo que la vida significaba y cuál debía ser su destino.

De modo que vendió todas sus posesiones y empezó su búsqueda del gurú que todo lo sabía. Estuvo ocho años yendo de pueblo en pueblo por todos los Himalayas, buscándole. Y un día acertó a encontrarse con un pastor que le dijo dónde vivía el gurú y como debía llegar a ese lugar.

Tardó casi un año en encontrarle, pero lo consiguió. Se presentó a ese gurú, que desde luego era venerable y tenía más de cien años de edad. El gurú accedió a ayudarle, especialmente cuando escuchó todos los sacrificios que el hombre había realizado buscándole.

«¿Qué es lo que puedo hacer por ti, hijo mío?», le preguntó el gurú.
«Necesito conocer el significado de la vida», le contestó el hombre.
A lo que, sin dudar un instante, replicó el gurú, «La vida», dijo, «es un río sin fin».

«¿Un río sin fin?», dijo el hombre con asombro. «¿Después de recorrer todo este camino para encontrarte, todo lo que tienes que decirme es que la vida es un río sin fin?»

El gurú se quedó estupefacto, anonadado. Se enfadó mucho y le dijo, «¿Quieres decir que no lo es?»

Nadie puede darte el significado de tu vida. Es tu vida y el significado ha de ser también el tuyo. Los Himalayas no te servirán de ayuda. Nadie más que tú puede encontrarlo. Es tu vida y solamente es accesible a ti. Solamente con el vivir te será revelado el misterio.

Lo primero que me gustaría decirte es: no lo busques en ninguna otra parte. No lo busques en mí, no lo busques en las escrituras, no lo busques en inteligentes explicaciones; son sólo justificaciones, no explican nada. Simplemente atiborran tu mente vacía, no te hacen consciente de lo que es. Y cuanto más está la mente atiborrada de conocimiento muerto, más torpe y estúpido te vuelves.

El conocimiento hace a la gente estúpida, adormece su sensibilidad. Se atiborran de él, cargan con él, refuerzan su ego con él, pero no les aporta luz y no les indica el camino. No puede hacerlo.

La vida ya está burbujeando en tu interior. Solamente puedes contactar con ella allí. El templo no está en el exterior; tú eres su santuario. Por eso lo primero que has de recordar, si quieres saber lo que es la vida, es: nunca la busques en lo exterior, nunca trates de descubrirla en alguien. El significado no puede ser transferido de este modo. Los Maestros más grandes nunca han dicho nada sobre la vida, siempre te han devuelto a ti mismo.

Lo segundo que has de recordar es: una vez que sepas lo que es la vida, sabrás lo que es la muerte. La muerte es parte del mismo proceso. Por lo general creemos que la muerte llega al final, por lo general creemos que la muerte se opone a la vida, por lo general creemos que la muerte es el enemigo, pero la muerte no es el enemigo. Y si consideras a la muerte como el enemigo esto simplemente demuestra que no has sido capaz de saber lo que es la vida.

La muerte y la vida son dos polaridades de una misma energía, del mismo fenómeno, el flujo y el reflujo, el día y la noche, el verano y el invierno. No están separados y no son opuestos ni contrarios. Son complementarios. La muerte no es el fin de la vida; de hecho es una culminación de una vida, la cresta de la vida, el clímax, el gran final. Y una vez conoces tu vida y su proceso, entonces comprendes lo que es la muerte.

La muerte es una parte orgánica, integral de la vida y es muy amistosa con ella. Sin ella la vida no puede existir. La vida existe debido a la muerte, la muerte le da un trasfondo. La muerte es, en efecto, un proceso de renovación. Y la muerte sucede a cada instante. En el instante en que inhalas y en el instante en que exhalas, ambas se dan. Al inspirar, la vida entra; al expirar, viene la muerte. Por eso al nacer un niño lo primero que hace es inspirar; entonces la vida empieza.Ycuando un viejo muere, lo último que hace es exhalar; entonces la vida se va. El exhalar es la muerte, el inspirar es la vida. Son como las dos ruedas de una carreta. Vives tanto debido a que inspiras como a que expiras.

El exhalar es parte del inhalar. No puedes inhalar si dejas de exhalar. No puedes vivir si dejas de morir. El hombre que ha comprendido lo que es su vida, permite que la muerte suceda, le da la bienvenida. Muere a cada instante y a cada instante resucita. Su cruz y su resurrección suceden continuamente como un proceso. Muere al pasado a cada momento y nace una y otra vez al futuro.

Si observas lo que es la vida podrás saber lo que es la muerte. Si comprendes lo que es la muerte, solamente entonces serás capaz de comprender lo que es la vida. Forman un organismo. Por lo general, debido al miedo, hemos creado la división. Creemos que la vida es buena y que la muerte es mala. Creemos que ha de desearse la vida y que ha de evitarse la muerte. Creemos que, de alguna forma, hemos de protegernos contra la muerte. Esta idea absurda crea interminables desgracias en nuestras vidas, porque una persona que se protege contra la muerte se vuelve incapaz de vivir.

Es la persona que teme exhalar y entonces es incapaz de inhalar y se queda embarrancada. Entonces simplemente mal vive, su vida deja de ser un fluir, su vida deja de ser un río.

Si realmente deseas vivir has de estar dispuesto a morir. ¿Quién en ti teme a la muerte? ¿Teme la vida a la muerte? No es posible. ¿Cómo puede la vida sentirse asustada por su proceso integral? En ti hay algo más que está asustado. El ego es el que teme en ti.

La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la muerte sí son opuestos. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la vida sí son opuestos. El ego está en contra de los dos, de la vida y de la muerte. El ego teme el vivir y el ego teme el morir. Teme vivir porque a cada paso, al esforzarse en pos de la vida, hace que la muerte se acerque.

Si vives, te estás acercando a la muerte. El ego teme morir, de ahí que también tema vivir. El ego simplemente mal vive. Hay mucha gente que ni está viva, ni está muerta. Esto es lo peor. Un hombre que está vivo plenamente también está lleno de muerte. Ese es el significado de Jesús en la cruz.

Jesús acarreando con su propia cruz no ha sido plenamente compren-dido. Y les dice a sus discípulos, «Tendréis que llevar vuestra propia cruz». El significado de Jesús llevando su cruz es muy simple, no es nada más que esto: todo el mundo a de acarrear continuamente con su muerte, todo el mundo ha de morir a cada momento, todo el mundo ha de estar en la cruz porque éste es el único modo de vivir plenamente, totalmente.

Siempre que te encuentres con un momento de total vitalidad, de repente también verás ahí a la muerte. Sucede en el amor. En el amor, la vida alcanza un clímax, de ahí que la gente tema al amor.

Me siento asombrado continuamente por la gente que viene a mí y que me dice que teme al amor. ¿De dónde proviene este temor al amor? Se debe a que cuando realmente amas a alguien tu ego empieza a desaparecer y a fundirse. No puedes amar con el ego, el ego se convierte en la barrera. Y cuando quieres destruir la barrera, el ego te dice, «Esto se convertirá en una muerte, ¡cuidado!»

La muerte del ego no es tu muerte. La muerte del ego es en realidad tu posibilidad de vida. El ego es simplemente una cáscara sin vida a tu alrededor. Tiene que ser hecha pedazos y tirada. Surge de forma natural, del mismo modo que cuando un transeúnte pasa, el polvo se deposita sobre sus ropas, sobre su cuerpo y ha de darse un baño para limpiarse de ese polvo.

Al movernos en el tiempo, el polvo de las experiencias, del conocimiento, de la vida vivida, del pasado, se acumula. Ese polvo se convierte en tu ego. Al acumularse, se convierte en una cáscara que ha de ser rota y tirada. Uno se ha de bañar continuamente, cada día, de hecho, a cada instante, de forma que esta cáscara nunca se convierta en una prisión. El ego teme al amor porque en el amor la vida alcanza una culminación. Pero siempre que hay una culminación de la vida también hay una culminación de la muerte. Van de la mano.

En el amor mueres y renaces. Lo mismo sucede cuando meditas o rezas o cuando acudes a un Maestro y te entregas. El ego crea toda suerte de dificultades, de justificaciones, para que no te entregues. «Piénsatelo, medítalo, sé inteligente». Cuando acudes a un Maestro, el ego sospecha, se llena de dudas, crea ansiedad porque de nuevo estás volviendo a la vida, estás volviendo a una llama donde la muerte va a estar tan viva como la vida. Recuerda que la muerte y la vida se alimentan mutuamente, nunca están separados.

Si estás un poco, mínimamente vivo, en el mínimo, entonces verás a la vida y a la muerte como dos cosas separadas. Cuanto más te acerques a la cima, más se irán aproximando. En el ápice, se encuentran y se funden en uno solo. En el amor, en la meditación, en la confianza, en la oración, siempre que la vida es algo total, la muerte está allí. Sin muerte, la vida no puede ser total.

Pero el ego siempre está pensando en divisiones, en dualidades. Lo divide todo. La Existencia es indivisible, no puede ser dividida. Eras un niño, luego te hiciste mayor. ¿Puedes delimitar cuándo te hiciste mayor? ¿Puedes señalar el lugar en el tiempo cuándo de repente dejaste de ser un niño y te volviste un joven? Un día te vuelves viejo. ¿Puedes indicar cuándo te vuelves viejo?

Los procesos no pueden ser delimitados. Sucede exacta-mente lo mismo cuando naces. ¿Puedes señalar cuándo naciste? ¿Cuándo comienza realmente la vida? ¿Comienza cuando el niño empieza a respirar, cuando el doctor da unos azotes al niño y el niño empieza a respirar? ¿Es entonces cuando nace la vida? ¿O es cuando el niño entra en el útero, cuando la madre se queda embarazada, cuando el niño es concebido? ¿Empieza entonces la vida? ¿O incluso antes que esto? ¿Cuándo comienza exactamente la vida?

Es un proceso que no tiene ni fin ni comienzo. Nunca empieza. ¿Cuándo está muerta una persona? ¿Muere cuando deja de respirar? Muchos yoguis han demostrado científicamente que pueden dejar de respirar y seguir vivos y luego regresar. De modo que el dejar de respirar no puede ser el final. ¿Dónde acaba la vida?

Nunca acaba en parte alguna, nunca empieza en ninguna parte. Estamos sumergidos en la eternidad. Hemos estado aquí desde el mismo comienzo, si es que hubo alguna vez un comienzo, y vamos a seguir aquí hasta el final, si es que va a haber un final. De hecho no puede haber un principio ni puede haber un final. Somos vida, aun cuando la forma cambie, los cuerpos cambien, la mente cambie.

Lo que llamamos vida es solamente la identificación con un determinado cuerpo, con una determinada mente, con una determinada actitud, y lo que llamamos muerte no es más que el salirse de esa forma, de ese cuerpo, de esa idea.

Cambias de casa. Si te identificas demasiado con una casa entonces el cambiar de casa será algo muy doloroso. Creerás que te mueres porque la casa antigua era lo que tú eras; esa era tu identidad. Pero esto no sucede porque sabes que solamente estás cambiando de casa, que tú sigues siendo el mismo. Aquellos que han mirado en su propio interior, aquellos que han descubierto quién son, llegan a descubrir un proceso eterno, sin fin. La vida es un proceso sin tiempo, más allá del tiempo.

La muerte forma parte de él.

La muerte es un revivir continuo, una ayuda para que la vida resucite una y otra vez, una ayuda para que la vida se libre de las viejas formas, para librarse de los edificios desvencijados, para librarse de las anticuadas estructuras de modo que seas capaz de fluir y puedas de nuevo volverte fresco y joven y seas otra vez virgen.

Osho



miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Alegria




La alegría es la palabra clave de estos versos.

La alegría no es la felicidad, porque la felicidad simpre está mezclada con la infelicidad. Nunca se encuentra pura; siempre está contaminada. Siempre hay una sombra alargada de sufrimiento tras ella. Al igual que al día sigue la noche, a la felicidad le sigue la infelicidad.

Entonces, ¿qué es la alegría? Es un estado de trascendencia. No se es feliz ni infeliz, sino que se está en completa paz, en silencio, en prefecto equilibrio tan silencioso y tan vivo que el silencio es una canción, y la canción el silencio.

La alegría es para siempre; la felicidad, momentánea. La felicidad procede de fuera: depende de los demás. Y cualquier dependencia es fea, cualquier dependencia es una esclavitud. La alegría surge dentro; no tiene nada que ver con el exterior. No la causan los demás; no la causa nada. Es el fluir eséntáneo de tu propia energía.

Si tu energía está estancada no hay alegría. Si tu energía fluye, se mueve, se convierte en un río, la alegría es inmensa, sin otra razón, simplemente porque te has hecho más fluido, porque estás más vivo. En tu corazón nace una canción, brota un gran éxtasis.

Te sorprende cuando brota, porque no encuentras la causa. Es la experiencia más misteriosa de la vida: algo sin causa, algo más allá de la ley de la causa y el efecto. No necesita causa proque es tu naturaleza intrinseca, y naces con ella.

Es algo innato, eres tú en tu totalidad, fluyendo.

Osho





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